16.11.09

Solitarios

Jacinto el herrero tenía un mono. Lo compró quién sabe donde, quizá a uno de los buhoneros de la capital, y decidió adoptarlo, atándolo con una cadenita al palo que había bajo la buhardilla de su casa. El animal solía columpiarse y hacer ejercicios en el palo y, como la cadena que lo mantenía seguro era más bien larga, se aventuraba también al tejado, que tenía muy próximo, para espantar a los gatos. Allí además se despiojaba, tomaba el sol y gritaba cuando le venía en gana a la gente que acertaba a pasar por allí.

Si llovía o apretaba el calor corría a meterse en la casa por el ventanuco de la buhardilla. Quedaba entonces el palo como desnudo, anudado en su extremo por la cadena, y sólo se podía adivinar al animal porque aquella, de vez en cuando, se estiraba y crujía con fuerza.

En realidad, lo que más le gustaba al monito era quedarse en el tejado, sin más, viendo pasar las nubes. Por supuesto, sus principales admiradores eran los niños. Al principio le gritaban para que hiciera cosas, y éste no solía defraudarlos, saltando y aullando. Pero después, con el tiempo, dejó de prestarles atención. Los chavales, algunos, tuvieron a bien apedrearlo, a ver qué pasaba, y consiguieron que poco a poco el mono se volviera loco ante la algarabía general. Gritaba, brincaba e incluso maldecía, imaginaban ellos, en su lengua gutural, cuando los guijarros acertaban en su escuálido cuerpo.

Jacinto el herrero tomó cartas en el asunto y, tras algunas bofetadas, logró terminar con aquella bárbara costumbre infantil. Pero el monito, ganado por la desconfianza en el género humano, se volvió a partir de entonces huraño y agresivo. Con frecuencia escarbaba entre las tejas en busca de trozos rotos, tierra o raíces de musgo y los arrojaba contra cualquiera que pasara bajo su tejado. La calle de la herrería se volvió peligrosa. Los clientes, siempre escasos, terminaron por hacerse aún más esquivos, ante la consternación de Jacinto. Y lo peor es que los vecinos comenzaron a demandar una solución ante aquellas agresiones alevosas. El herrero intentó hacer entrar en razón a su mono sin éxito; éste no atendía a razones, quizá porque no entendía de razones humanas, y siempre conseguía escaparse por entre las tablas del tejado cuando intentaba dejarlo encerrado. Un mal día, el alcalde le hizo al herrero una visita nada protocolaria. Le expuso escuetamente el problema: recibía continuas quejas, debía deshacerse del mono. ¿Abandonarlo en los campos, quizá?, masculló el pobre de Jacinto que, en el fondo, lo quería mucho, pues nunca una mujer lo había querido a él. No, no, gruñó el alcalde, abandonarlo para que se encarame a los árboles de las huertas y se coma los higos, y espíe a las labriegas mientras se bañan... no; lo que tenía que hacer era matarlo, como cuando estaba en la guerra. En el fondo se trataba de lo mismo. Y Jacinto asentía, pensativo, porque era cierto que ya había matado antes, aunque no a monos, sino a hombres. Y el alcalde asentía también, satisfecho, y decía que ahora era mejor, porque los monos no tenían alma. Ni los alcaldes, ni los niños, ni los vecinos, rumiaba Jacinto. Y así quedó la cosa. Al día siguiente llamó a su mono, que en realidad nunca tuvo nombre, lo tumbó con fuerza en una mesa que había en el piso de arriba, robusta, y con una navaja de afeitar le cortó el cuello. Después limpió la habitación y lo enterró en el patio.

A los pocos días los clientes volvieron. Uno de ellos, el señor Farra, le preguntó como quien no quiere la cosa si no hubiera sido mejor haberlo dejado encerrado en una jaula, mientras miraba de reojo los retorcidos alambres de las verjas sin vender que se apilaban tras el mostrador. Jacinto no respondió, solo cobró la trampa para ratas que le había encargado y metió las pesetas en el cajón de los tornillos. Luego guardó silencio y así se quedó el resto del día.

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8.11.09

Conversión

"El amor te convierte en rosal
y en el pecho te nace
esa espina robusta como un clavo
donde el demonio cuelga su uniforme.

Al tocar lo que amas te quemas en los dedos,
y sigues, sigues, sigues hasta abrasarte todo;
después
ya en pie de nuevo,
tu cuerpo es otra cosa,
es la estatua de un héroe muerto en algo
al que no se le ven las cicatrices."

Gloria Fuertes
El amor te convierte

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7.11.09

Noviembre

Creo que me estoy volviendo viejo, de verdad. Recuerdo perfectamente una cosa que dijo un profesor de historia que tuve hace siglos, estando yo en COU. "A vuestra edad se viven las cosas de otra manera; cuando llega uno a la madurez te das cuenta de que hay algo que se ha quedado por el camino. Ese optimismo." Era una auténtica boutade para hacerse el interesante, porque aquél tipo rondaba los 25 y nosotros teníamos 17 ó 18... pero aquello se me quedó grabado. Y hoy lo pongo aquí, y digo que es verdad, aunque solo sea porque ya le saco 10 años a aquél antiguo profesor y puedo afirmarlo sin pudor.

Doy dos clases con muy pocos alumnos, apenas 5. Nos metemos en un aula pequeñita y allí trabajamos. Siempre hay muy buen ambiente. Me gusta observarlos cuando hablan entre sí; la forma que tienen de dirigirse los unos a los otros, de reírse, de pasarlo tan bien. Imagino los lazos de amistad que los unen y me pregunto cómo evolucionarán. Yo también participo de todo ese buen rollo y realmente me cargo de energía, pero también pienso lo que dije más arriba, que ese tipo de relaciones sólo se pueden tener a esas edades. Por muy bien que me lleve con algunos amigos, definitivamente hemos perdido la chispa.
La energía es la fuerza de la vida, y los taoístas amaban la vida. Estar vivo es bueno, estar más vivo es mejor y estar siempre vivo es lo mejor.


No he leído Alicia... y creo que debería. Crecer, decrecer, perderse en un mundo maravilloso. Suena bien. Y ya sé lo que es perseguir a un conejo blanco.

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25.10.09

Mi casita

Bueno, pues ya tengo casa, la de la foto. Al final me quedé con el adosado; es muy bonita y amplia, aunque aún tengo que acostumbrarme a la soledad de los techos altos, los sonidos extraños de vecinos nada extraños, los niños jugando tras mi patio, las paredes frías.

Cuando entré en ella fue un poco angustioso. Todo me resultaba grande, y me sentía, en consecuencia, pequeño y perdido. Estoy llevando algunas de mis cosas para allá, para hacer la casa, de alguna manera, amigable.
Como con las comidas soy un desastre, creo que me apuntaré al comedor del Instituto esta semana.

Y poco más. Van pasando mis días, las clases, e imagino que hasta pasará esta primavera a destiempo. Pronto vendrá el frío, al que esperaré con mantas, radiadores y leña. ¿Cómo olerán estos bosques en invierno?

El martes pongo mi primer examen. De Geografía. A ver cómo sale. Es más complicado de lo que pensaba; por un lado me gustaría que aprobaran todos, pero por otro pienso que eso tampoco sería una buena señal. ¿Por qué? Ah, ahí está la complicación...

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16.10.09

Los primeros pasos

Llevo ya prácticamente una semana en Castellar, y tengo que decir que lo vivido hasta ahora me gusta. Me gusta el pueblo, me gusta el paraje donde se encuentra, me gusta el Instituto y, además, tengo una relación estupenda con mis compañeros de trabajo, así que estoy muy satisfecho de como han ido las cosas.
La baja que estoy cubriendo es muy larga, prácticamente todo el curso. Este tiempo lo voy a dedicar, sobre todo, a aprender. Y a estudiar, que el 2010 es año de oposiciones...

Nunca como hasta ahora me había sentido profesor de esta manera, con todas las letras. Para mí es un gustazo llegar al Instituto, dirigirme a la sala de profesores, coger mis libros, ir a clase, dar los buenos días, pasar lista, comenzar las explicaciones... y que los chicos tomen notas, subrayen, pregunten y atiendan. Bueno, no todo es idílico. Doy cuatro asignaturas distintas: Geografía, Ética, Historia de las Religiones y Nuevas Relaciones de Género (que hasta hace unos días no sabía ni que existía), y ando escaso de material. De hecho tengo que exprimirme cuál limón para sacar contenidos de las dos últimas. Aparte está que cuento con 6 grupos distintos... en fin, mucho lío. También me han hecho Jefe del Departamento de Geografía e Historia, así que más líos aún (me lo han dado no por méritos, sino porque la profe a la que sustituyo lo era).

¿Cómo son los niños? Pues en general bien, la mayoría muy sanotes. Pero de todo hay, incluso tengo un curso bastante malo... lo mejor es que este IES funciona de maravilla en temas de responsabilidad y disciplina. Los alumnos saben que portarse mal, o no hacer lo que deben, trae consecuencias desagradables.

Estos días me he quedado en casa de un compi, el Jefe de Estudios (un tipo estupendo). El lunes entro ya en mi casita, que he alquilado por 400 euros al mes. A ver qué pasa. Me ha costado mucho decidirme, llegué a ver hasta 8 ó 9... todas tenían cosas buenas y malas... la verdad es que me cuesta demasiado tomar decisiones, uff.

Y ahí estamos, en la brecha, el camino o como se quiera decir.

Estos últimos días lo he pasado, también, mal. Ha sido por otros motivos que prefiero no detallar aquí.
Pasan los días cargados de recuerdos de muchos ayeres. Pero el mañana sigue ahí, al alcance de la mano, y veo que entre lo pasado y lo que está por venir (el porvenir) hay un hilo que sé que nunca, nunca se romperá. Y eso me hace feliz, como casi todo lo que he dejado aquí escrito (y qué diferente a lo que escribí tras mis primeros días en Huelva, en marzo pasado... ay, la vida.)

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7.10.09

En camino, de nuevo

Ayer me llamaron de la Delegación de Educación de Cádiz, para anunciarme que me tenía que incorporar al Instituto "La Almoraima", de Castellar de la Frontera. Estas cosas son siempre tan rápidas que rara vez da tiempo a hacerse uno a la idea. Sabía que me iban a llamar ya, porque andaba por el nº2 en la bolsa de sustituciones, pero es, digamos, agobiante desconocer tu destino hasta el momento mismo de la llamada. Podrían haberme solicitado de, pongamos, Almería, o Huelva, otra vez, o de la misma Córdoba, etc. Pero ha tocado Cádiz.

El pueblo parece muy bonito (ver foto). Está en el Campo de Gibraltar, pero en la sierra, al borde del Parque de los Alcornocales. Tiene una historia curiosa: es un pueblo de nueva construcción, su antigüedad no va más allá de unos 40 años. Sus habitantes vivían en otro, que se encuentra a 9 km, en plena sierra, pero se les había quedado pequeño y se encontraba en ruinas. Así que ni cortos ni perezosos se trasladaron a donde voy a trabajar yo. Luego, con el tiempo, el antiguo pueblo se llenó de hippies y lo rehabilitaron. Y hoy en día es un lugar muy turístico, donde incluso vive el hijo de Felipe González (al que regalaron una casa por haber expropiado el terreno, propiedad de Ruíz Mateos, para dárselo a la Comunidad).

No sé cuanto tiempo estaré trabajando allí. Por más que he llamado al Centro, no me han cogido el teléfono. Tampoco sé cómo es el IES, pero lo imagino bastante más tranquilo que el de Huelva. Aunque sólo sea porque en el lugar viven apenas 3000 personas. La verdad es que me encanta el paraje donde se encuentra, todo sierra, árboles, embalses, ríos... y con la playa a 20 km.

En fin, mañana saldremos de dudas. Tengo que hacer 3 horas de viaje hasta Cádiz capital, para firmar los papeles en Delegación, y luego hora y media más hasta llegar a Castellar. No sé si me dará tiempo a ver los chavales. Me hospedaré en un antiguo convento reconvertido en hotel (no he encontrado otra cosa). Lo malo es que todo se encuentra a casi 300 km. de Córdoba.

Y poco más. Sigo durmiendo fatal y me están saliendo unos granitos en los ojos de lo más molestos. ¿Será por los nervios?

Nos vemos...

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4.10.09

las buenas cosas mueren bajo el sol



"Simón, desde que te fuiste tengo que decir que la verdad no estamos nada mal sin ti. También es cierto que podríamos estar mejor. Pero ya ves, las buenas cosas mueren bajo el sol. Y ahora es la memoria mi guía porque, eso sí, pienso en ti cada día. Desde aquella mañana de agosto reinventada hasta la saciedad, sin lograr encontrar nada de nada, ni una explicación, ni un por qué al que poderme aferrar. Y ahora no sé por qué viene a mi mente el colchón que tuvimos que bajar Javi y yo a la basura, sin poder dejar de mirar esa mancha oscura, que allí nos dejaste como herencia y recuerdo antes de partir en tu último viaje, probablemente al infierno.
Y me vas a disculpar si nunca te llevo rosas. Me vas a permitir contar algunas cosas sobre lo poco que sé de tus días de vino y rosas, con todas las bromas, como aquélla en que al pasar delante de una funeraria nos decías "agachaos, no vaya a ser que os tomen las medidas". Ese era tu consejo, tu sabio consejo, y no estuvo mal, pero se te olvidó algo importante: tú también tenías que agacharte. Sí, tú también tenías que agacharte, pero nunca quisiste cuidarte.
Y quiero pensar que, por una vez, hice algo mejor que tú. Quiero pensar que, por una vez, hice algo mejor que tú, que ni siquiera acabaste esa carta de despedida, que en el ordenador Santi encontró perdida. Y ahora que perdiste tan absurdamente la partida, ahora estoy cansado y hasta tengo miedo de mi propia vida, y sé que lo tendré toda la puta vida, decida lo que decida.
Bueno, al final, tal vez tuviste suerte porque, tal vez, dímelo tú, mejor que ser un hombre solo y arruinado, resultes ser, como dijo el juez, "el finado", mientras se tapaba la nariz con su pañuelo. Y desde cualquier lugar donde quiera que ahora te estés pudriendo, sólo quiero que sepas que ya no te tengo miedo, que ahora estoy cansado y sólo tengo miedo de mi propia vida, y que sé que lo tendré toda la puta vida, decida lo que decida. Como tú siempre decías: "formalidad, poca pero que dure..." como tú siempre decías, "gracias, así es y así será...". Así es y así será toda mi vida, decida lo que decida."

Nacho Vegas
El ángel Simón (2001)

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